
Hay libros que no necesitan pasaportes internacionales, ni policías de élite, ni un asesino en serie con trauma infantil para engancharte. A veces basta una comunidad de vecinos con más secretos que buzones. Eso es lo que ofrece Bloque 55, de Alba García Marcos: una historia de misterio muy doméstico, muy nuestro… y muy divertida.
La protagonista, Almudena, es una mujer como tantas otras. Con un TOC por la limpieza, síndrome del nido vacío y una vida que parece haberse encogido un poco sin que nadie le preguntara. Y sin embargo, cuando una muerte inesperada sacude su edificio, es ella la que se pone en modo investigadora amateur, aspiradora en mano y con más intuición que método. Y funciona. Vaya si funciona.
Lo mejor de esta novela no es solo el misterio, que está bien hilado y te mantiene alerta. Lo que de verdad la hace especial es ese equilibrio entre humor, cotidianidad y tensión vecinal. Aquí no hay detectives brillantes ni crímenes espectaculares: hay pasillos compartidos, reuniones de escalera, chismorreos, mascotas entrañables y una galería de personajes que parecen sacados de cualquier bloque de viviendas de barrio. El tipo de novela que te hace mirar raro a tus propios vecinos después de leerla. Por si acaso.
A mí me costó un poco situar a todos los personajes al principio, no lo voy a negar. Entre nombres, pisos y personalidades peculiares, tuve que estar atenta. Pero en cuanto les puse cara mental (y voz, porque algunos parecen salidos de una comedia coral), todo empezó a tener sentido y casi que a correr. De hecho, uno de los grandes aciertos del libro es que logra que te familiarices con el universo de ese. bloque como si vivieras allí desde hace años.
¿Y qué decir del estilo? Fresco, directo, con capítulos cortos que te empujan a seguir leyendo. Hay giros, sí, pero los justos; también nos ofrece pequeños momentos de ternura, de ironía, de vida.
Porque más allá del misterio, Bloque 55 habla también de mujeres que han aprendido a sostenerse solas, de relaciones vecinales que lo mismo abrazan que asfixian, y de cómo a veces resolver un crimen es menos complicado que enfrentarte a ti misma.
Es un cozy mystery con alma propia, que se lee en un suspiro y deja ganas de más. Ideal para quienes busquen una lectura ligera pero con chispa, para los que disfrutan con protagonistas imperfectas y escenarios cercanos, y para los que crean que, a veces, el mejor lugar para esconder un secreto es el rellano de tu propia escalera.
Y si después de leerlo os entran ganas de salir corriendo… no seré yo quien os juzgue.
