«La librería del señor Livingstone» by Mónica Gutiérrez.


No es el primer libro que leo de Mónica Gutiérrez; de hecho, la descubrí hace poco, estas Navidades pasadas, con Una Navidad escocesa, y me sorprendió gratamente.

La librería del señor Livingstone, de Mónica Gutiérrez (Ediciones B), es un genial viaje por grandes libros de la literatura universal entre tazas de té, amistades y sentimientos florecientes, relaciones asentadas y la certeza de que las apariencias de las personas son solo eso: apariencias. Un recordatorio de que las pequeñas cosas, la calidez de lo sencillo, son las que de verdad nos calan y dan sentido a la vida.

Todo ello enmarcado en una deliciosa historia creada a partir del transcurrir diario en una librería atípica por su concurrencia. Un pequeño misterio —la desaparición del diario del famoso explorador Dr. Livingstone, el tatara-tatara-tatarabuelo del propietario de esta genial librería— se entrelaza con un maravilloso té en el Salón de Té Jubilee de Fortnum & Mason, una entrega de premios de lo más insólita, una memorable e inolvidable noche entre los frisos del Partenón en el British Museum y la campiña inglesa que evoca toda novela romántica decimonónica que se precie.

Es una historia coral que nos muestra personajes tan diferentes entre sí y, a la vez, tan próximos en sus necesidades y anhelos, que te atrapan irremediablemente en su viaje a través de las páginas del libro: Edward Livingston, un librero malhumorado y aparentemente antisocial, pero enamorado de su profesión hasta la obsesión; Sioban, una editora entusiasta y la eterna prometida del señor Livingstone; Oliver Twist (sí, como el protagonista de Dickens), un adolescente enamorado de las estrellas que considera la librería su casa; un escritor presente pero que actúa como un adorno más del espacio; John Lockwood, un policía amigo de Sioban que se enamora del hada de la librería; y Agnes, una arqueóloga en busca de trabajo, apasionada por su oficio, que descubre en la librería que, además de perseguir sueños, son las pequeñas cosas del día a día las que llenan el corazón y dan felicidad.

La narración es impecable: te lleva, te envuelve y te adentra en la historia de manera irreversible, empujándote a leer un párrafo más, una página más. Sin necesidad de grandes giros argumentales ni tensiones excesivas, la magia está en las descripciones, los diálogos y las escenas que, siendo sencillas, resultan complejas; que, pareciendo planas, son profundas. Aunque pueda parecer que los libros y hechos se citan al azar, nada más lejos de eso: todo aparece en su momento y con un propósito dentro de la trama, para que el lector se encante, se sorprenda y se identifique con los personajes y sus vidas aparentemente sencillas.

Y todo esto con un dejo del Londres victoriano en pleno siglo XXI, un contraste que, al finalizar la lectura, te deja en ese impasse de ensoñación mientras vuelves a la realidad.

Un consejo: ten papel y lápiz a mano para apuntar todas las recomendaciones y referencias literarias que plagan el libro y que, en más de una ocasión, te harán querer salir corriendo a leerlas.


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