
A veces, decides darle una oportunidad a un autor nuevo para ti, sin muchas expectativas, y te encuentras con un libro que te sorprende gratamente. Eso fue exactamente lo que me pasó al sumergirme en las páginas de Todos nuestros fuegos de Karen Codner.
No había leído nada de ella antes, y desde la primera línea, su forma de narrar, delicada y profunda, me atrapó (aunque reconozco que primero me desconcertó un poco)
El libro es la historia de Olivia Schtern –o Rivka, como se llamaba antes–; una de esas historias que te tocan un poco: imagínate vivir en Nueva York, en un pequeño apartamento con tu perro George, llevando una vida aparentemente tranquila, pero con la sombra de una tragedia del pasado pesando sobre tí; y, es que, cuando Olivia tenía catorce años, un incendio se llevó a su madre y a sus seis hermanas. Un duro golpe que la obligó a crecer de golpe, a enfrentarse a un mundo que parecía indiferente a su dolor. Y como si eso no fuera suficiente, su padre, otro superviviente de aquel infierno, la llama cada año en el aniversario de la tragedia, para permanecer en silencio al otro lado del teléfono. Una extraña y dolorosa rutina que marca la existencia de la protagonista.
El viaje a Chile, da un giro a la trama; allí conoce a un hombre enigmático y vive un romance fugaz pero intenso, de esos que te dejan huella aunque sepas que no van a durar. Este encuentro se convierte en un punto de inflexión en la trama, la oportunidad que Olivia necesita para redefinirse, reencontrase, para explorar quién es en el presente, lejos de las cenizas de su pasado.
Si hay algo que atrapa en esta historia es cómo la escritora construye la personalidad de Olivia. Cómo la hace crecer a medida que pasan las páginas: una mujer que luchar contra la soledad, contra las dificultades económicas, buscando su lugar en el mundo.
De la escritura de Karen Codner sorprende su sensibilidad para abordar temas como la pérdida, la identidad y la resiliencia.
Con una prosa cuidada, nos lleva por la mente de Olivia: sus recuerdos, sus miedos, sus anhelos, su búsqueda por saber quién es. No en vano, el cambio de nombre de la protagonista, de Rivka a Olivia, es un símbolo poderoso de esa búsqueda, de un intento por dejar atrás un pasado marcado por la tragedia. Y el contraste entre la cosmopolita Nueva York y el más conservador Chile añade una capa interesante, e incluso necesaria, para lograr su autodescubrimiento.
La estructura de la novela también me parece interesante. Con capítulos cortos y una narración que a veces se siente como un torrente de pensamientos, la autora consigue crear una atmósfera íntima y envolvente. Es como si estuviéramos escuchando en voz baja los recuerdos de Olivia en voz baja, sus secretos y sus emociones más profundas.
Es cierto que, en algunos momentos, esta forma de narrar puede generar una sensación de falta de fluidez, como si la autora estuviera desgranando la historia poco a poco e incluso a veces de manera inconexa, pero creo que es esa la intención de Codner: sumergirnos en la fragmentación de la memoria y el dolor de la protagonista.
Todos nuestros fuegos ha sido un descubrimiento gratificante.
Una novela que te hace reflexionar sobre la fragilidad de la vida, sobre la capacidad del ser humano para superar las peores adversidades y sobre la importancia de encontrar nuestro propio camino, incluso cuando el pasado pesa como una losa.
Por eso, si, como a mí, te gusta encontrar voces nuevas y diferentes en la literatura, te recomiendo que leas este libro. Estoy segura de que la fuerza de la historia de Olivia te sorprenderá.

