
El asesino del acertijo, de la escritora española Júpiter, pertenece sin duda al grupo de los libros que no se leen sino que se devoran. Es de esos que no te permiten cerrar el libro, de los que siempre quieres saber más, ver el último giro, el último golpe de realidad, el último enigma…
La novela se abre paso como un torbellino de suspense y emoción que te mantiene alerta —como quien va pisando cristales— desde la primera a la última página.
Este ha sido el primer libro que leo de la autora y, como suele ocurrir con los buenos descubrimientos, me ha dejado con ganas de más. De seguirle la pista. De volver a leerla. Y sobre todo, de quedarme un poco más en esa Valencia ardiente y vibrante, donde se cruzan el arte del crimen, el pasado que no perdona y la intuición de una protagonista que arrastra más heridas de las que quiere mostrar.
La historia nos sitúa en Valencia, durante una de sus épocas más intensas: las Fallas. Pero más allá del ruido, las luces y la fiesta, algo mucho más oscuro se mueve entre bastidores. Un asesino en serie actúa en las sombras, dejando tras de sí un rastro de muerte y acertijos. Su firma es un enigma. Su intención, una amenaza velada.
La encargada de resolver el caso es Ruth Lago, agente de la Guardia Civil, mujer curtida, marcada por su pasado y más intuitiva de lo que aparenta. El caso que tiene entre manos la golpea más de lo que está dispuesta a admitir. No solo por la complejidad del asesino, sino porque, a cada paso, algo del pasado de Ruth vuelve a cruzarse con el presente.
La trama está tan bien construida que sientes que estás dentro de un tablero de ajedrez donde cada movimiento está milimétricamente calculado. Júpiter sabe lo que hace. No da puntada sin hilo. Justo cuando crees haber entendido por dónde va la historia, da un giro. Y luego otro. Y luego otro. Sin exageraciones ni golpes de efecto gratuitos, pero una precisión inquietante, colocando cada pista en el lugar justo, y manteniendo la tensión en cada página.
Si algo destaca del libro es su ritmo narrativo. No hay páginas de más. Cada escena tiene sentido, cada diálogo suma y cada descripción aporta. La acción avanza con paso firme, combinando momentos de tensión con otros más introspectivos que nos permiten conocer mejor a los personajes.
Hay tensión, sí, pero también humanidad. Porque este no es un thriller que se regodea en el morbo. Es un rompecabezas emocional, donde los silencios pesan tanto como las palabras. Y los acertijos —inquietantes y bien integrados en la trama— no son solo un recurso de estilo, sino una forma más de mirar dentro del alma de quien los plantea… y de quien los resuelve.
Ruth Lago es una protagonista llena de cicatrices, con un pasado que no solo la marca, sino que se niega a quedar atrás. No es una heroína perfecta. Es una mujer con miedos, con contradicciones, con una historia que le pesa en la espalda. Y eso la hace real. Cercana. Humana.
Tiene esa mezcla de fortaleza y vulnerabilidad que no siempre encontramos en los personajes de thrillers policiales. No es fría, pero tampoco se deja llevar fácilmente. Tiene corazón, pero también coraje. Y algo en ella —quizás ese instinto, esa manera de mirar lo que otros no ven— la convierte en una protagonista magnética.
Su relación con Óscar, su pareja, no es precisamente idílica. Y eso, lejos de restar, suma verosimilitud a la historia. Porque en la vida real no siempre es sencilla, y, a veces, amar también es disentir. Óscar tiene miedo, ya hay un antes que se ha metido en us relacional. Ya han pasado antes por una situación similar: él de miedo a perderla y ella de ser agredida. Pero me ha gustado que la autora no lo edulcore ni que a él lo convierta en el clásico compañero perfecto. Su presencia aporta tensión y dinamismo.
Algo parecido ocurre con Lucas y Matías, sus inseparables amigos, sus compañeros de batallas, esos que se saltan las normas con tal de protegerlas pero que son tan humanos que a veces duele. Y no nos olvidemos de Roberto, que parece el típico ligón pero a la hora de la verdad es muestra una incondicionalidad apabullante.
La autora saber crear no solo tensión y misterio, sino también ternura. Saber equilibrar la oscuridad con pequeños destellos de luz.
La novela está ambientada en Valencia, y no una cualquiera: la de las Fallas. La ciudad forma parte de la historia: es un personaje más. Desde los monumentos falleros y las distintas ubicaciones urbanas, hasta los pueblos del interior, está descrita con mimo. La autora no cae en tópicos ni usa la ciudad como postal. La vive. La conoce. Y eso se nota.
El estilo narrativo de Júpiter me ha sorprendido muy gratamente. Tiene una forma muy particular de dosificar la información. No te lo da todo de golpe, ni te lo esconde todo. Juega contigo. Te invita a observar, a pensar, a sospechar. Y lo hace con inteligencia y ritmo.
Su voz es cercana, pero precisa. Tiene el don de narrar con claridad sin caer en la frialdad. Sabe construir escenas intensas sin abusar del efectismo. Y, lo más importante, sabe mantenerte dentro del libro. No es fácil encontrar autoras que sepan combinar emoción, acción y estructura de forma tan equilibrada.
Más allá del caso central, hay subtramas que se van tejiendo en paralelo. Relaciones personales, secretos del pasado, tensiones laborales, vínculos familiares. Todo tiene su lugar. Todo encaja. La historia nunca se dispersa.
Además, hay un respeto muy cuidado hacia la investigación policial, con descripciones que resultan creíbles y una sensación de realismo que no interrumpe el fluir de la lectura.
El asesino del acertijo es una lectura ágil, tensa, vibrante. Un thriller con alma, donde los misterios importan tanto como las personas que los rodean. Y eso, para mí, marca la diferencia.
Sí, sin duda lo recomiendo. Sobre todo si te gustan los thrillers psicológicos con trasfondo emocional, las historias que no solo buscan sorprender, sino también conmover, los personajes que arrastran sus propias sombras y los escenarios que son más que un mero decorado.
Lo mejor: la construcción del suspense, la ambientación y Ruth Lago como protagonista
Lo que te deja: una sensación de haber vivido algo intenso y real, casi como si hubieras acompañado a Ruth en cada paso.
Lo que te invita: a seguir leyendo a Júpiter. A seguirle la pista. Porque si este es solo el principio, no quiero perderme lo que venga después.
Si no has leído esta novela… ya sabes lo que toca. Ponte el sombrero de detective y adéntrate en esta historia. No te arrepentirás.
Ah, y que sepas que esto es una serie protagonizada por Ruth Lago, que tampoco debes dejar de leer.

